La responsabilidad social (rs), es un asunto de vida o muerte. No es ninguna exageración pensarlo en estos tiempos de triunfo de los mercados sobre los valores humanos. La construcción social que ha tomado miles de años desarrollar, puede ser destruida, con el planeta incluido, si no se frena inmediatamente la forma en que la mayoría de los seres humanos actúan con su entorno.

La rs es un entendido moral que las sociedades deben practicar para poder sobrevivir. Es la alianza primigenia de las personas en torno a un problema común; la unión de pensamientos y esfuerzos para salir adelante; es la visión sistémica de la humanidad.

Pero, ¿por qué es importante ahora la rs? Debido a los modelos económicos imperantes en las últimas décadas, se entronó al neoliberalismo como paradigma, no sólo económico, sino moral, entre las sociedades. Se fomentó el individualismo a ultranza, el narcisismo, el egotismo, y todas las formas necesarias para evitar la unión entre las personas al nivel de conciencia colectiva.

El siguiente texto se refiere a la responsabilidad social en los tiempos de expansión financiera y del imperio económico.

En el texto de problematización de la responsabilidad social o colectiva los autores Aranda y González exponen el contexto filosófico profundo sobre esta materia y cómo problematizar la responsabilidad social o colectiva.

Primero debemos entender que la responsabilidad social es una obligación moral que tienen los habitantes de una comunidad hacia ella misma. Más allá de un deber cívico y un ejercicio de ciudadanía la rs es un deber humanístico, el cual es ejercido de forma volitiva y nace del pensamiento profundo sobre de la esencia del ser humano.

Los autores hacen una explicación parafraseando al autor Armando Bartra, quién dice:

«…el mito del Progreso concebido como destino hacia un mundo de abundancia y equidad sobre los hombros de la ciencia y la tecnología y su contraparte la negación del pasado y la fetichización del porvenir son principios mayores del alto costo para los colectivos y el ambiente en que vivimos». Aranda & González (2011)

Es decir, ya no es posible justificar y tolerar el progreso sobre valores economicistas, cuando eso significa la destrucción del planeta y de los seres vivos que lo habitan. La humanidad pierde, no sólo sus capacidades físicas de adaptación en un planeta que cambia sus ecosistemas, sino que también pierde sus capacidades intrínsecas humanas que le han hecho desarrollarse y prevalecer a lo largo de siglos.

Las sociedades se han vuelto indolentes ante las injusticias de todo tipo en el mundo, empezando por la más grave: justificar la explotación de cualquier ser vivo (humanos incluidos) con fines mercantiles. Ese punto, está tan arraigado, que ya nadie se asombra, ni ve con malos ojos, el que una persona o corporación mercantil robe el plusvalor de cientos, o miles de empleados en el mundo y alegando “virtuosidad” por generar empleos.

Nadie ve mal que una persona pueda acumular riquezas desmedidas, arrasando bienes naturales, creando desabastos de recursos en comunidades, empobreciendo a miles de personas a través de la explotación, aniquilando y perpetuando especies de todo tipo, en nombre del llamado “progreso”. ¿Quién hace el mayor mal, la persona que daña a los demás o quienes sabiéndolo callan y participan silenciosamente de ese crimen contra el planeta?

«…insiste en que la no participación en los asuntos políticos del mundo ha sido siempre susceptible del reproche de irresponsabilidad, de abandonar nuestros deberes hacia el mundo que compartimos con los otros y con la comunidad la que pertenecemos» Ibídem p.3

Por ese motivo, las sociedades deben asumir el concepto de rs, pero, como dicen los autores: dándole forma, fondo, sustento, que se pueda saber qué es, sus límites y repercusiones, etc., porque, finalmente, una nueva forma de pensar, tendrá que ser revolucionaria e ir en contra de los valores aceptados en el momento en que se genera en pensamiento y acción; ese es el fondo de la lectura de la problematización de la rs., el cual, además, debe ser verdadero para poderse instituirse, porque si está falseado, no podrá tener el sustento para soportar las otras verdades, fundamentadas en el bienestar economicista elemental.

«…El nuevo paradigma marca una ruptura con el pensamiento tradicional, lo que supone que todos y cada uno de los habitantes del planeta tiene que asumir su grado de responsabilidad en aras de la sobrevivencia de la especie humana». Ibídem p.3

Filosóficamente, manejar conceptos abstractos, no ayuda mucho a la instauración de un nuevo paradigma. Las masas humanas temen los cambios, sobre todo, los cambios que derrumban estructuras sociales profundamente arraigadas. Las estructuras sociales del mundo están basadas en clases sociales, y éstas fundamentadas en el dinero. Actualmente, por la influencia económica-social, la forma de ser y de pensar de una persona, está en relación a los bienes que posee, el nivel en su estructura social, y la materialidad que sea capaz de manejar. ¿Cómo vamos a pedirle que salga de esa estructura? ¿Cómo le pediremos que abandone su vida consumista, su “escala social” y su interpretación de la vida en clases sociales? El pensamiento reconoce aquello que él ya ha identificado, no se propone pensar algo más allá que no haya pasado antes por el tamiz de lo mismo Ibídem p.6

Por eso, la responsabilización colectiva (rc) debe entrar para señalar la luz a la humanidad; ésta es la ética reflexiva contra la normalidad imperante. Ante las injusticias sociales, -incluyendo el daño ambiental-, ya asimiladas y aceptadas por las mayorías, el denunciarlas, atacarlas, señalarlas y combatirlas, y que inclusive la responsabilidad puede ir en aumento a medida que nos alejamos del “responsable directo” del daño. Ibídem p.8 devuelve a los seres humanos -su non plus ultra-: el pensamiento y acción a favor de sus semejantes.

Si no se acepta el desafío de cuidar la vida y forma del planeta y sus elementos, a través de la búsqueda de la relaciones de justicia y la equidad, se convierte (quien lo piensa y es consciente) en cómplice de una iniquidad, y es contra natura de la especie humana.

Conclusión

Es menester que los seres humanos, en la medida que piensen, razonen y capten las ideas de injusticia contra otros humanos, animales, biota, etc., levanten la voz, y hagan guerra contra las inercias sociales, políticas y económicas del momento.

La ciudadanía se gana y se ejerce a través del trabajo que hacemos por y para los demás. No esperemos que los gobiernos, y mucho menos las empresas dedicadas al lucro, vengan a resolver los problemas que tenemos en común las sociedades.

La organización ciudadana, a través de células autogestivas, van forjando la responsabilización progresiva, que empodera a los ciudadanos y los compromete con el grupo. Este punto es importante: no es el trabajo en masa de decenas, cientos o miles de personas lo que traerá mejores resultados, sino trabajar en pequeños grupos, intercambiando responsabilidades para servir a la sociedad.

Las y los estudiantes que recibimos las bendiciones del conocimiento, no debemos callar, ni dejar de actuar ante las injusticias que ofrece el reino de Mammón. Cada vez que aceptamos la explotación laboral, que vemos la injusticia, la destrucción ambiental, ¡y no denunciamos y actuamos!, aceleramos un proceso entrópico, el cual, será el preludio de nuestra extinción.

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Fuentes:

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