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Palabras que Matan. Violencia de Género.

Introducción
El porqué de los índices crecientes de violencia contra la mujer ya no es algo nuevo para la mayoría de habitantes del país. Se realizan grandes esfuerzos para tratar de erradicar este flagelo social, sin mucho éxito hasta el momento de escribir esto.

Podemos hacer varias conjeturas sobre la etiología de la violencia contra la mujer. En realidad este problema empieza con la concepción cultural de lo femenino y el lenguaje.

Partiremos como sistema focal desde la mujer y el hombre como base de la reflexión; ambos provienen de un sistema de creencias que se han tenido por siglos, en muchas partes del mundo (no ha sido siempre, ni en todo el mundo). En este sistema de creencias, existen relaciones asimétricas de poder, es decir, una persona tiene poder sobre otra.

La construcción cultural y social  de lo “masculino” y lo “femenino”, el “machismo” y el “feminismo” no han sido ampliamente explicados, por tanto, es común que la población en general, crezca con creencias y mitos sobre “cómo deben ser el hombre y la mujer”.

Sin embargo, es con las palabras y los conceptos erróneos como empezamos a dañar a las mujeres – y en general a lo femenino-, desde la casa, el trabajo, y la vida comunitaria.

 Acoso

Las palabras que usamos y escuchamos en el hogar desde la infancia van determinando nuestro actuar futuro. La información que maneja el sistema social, y en este caso los nodos básicos de la comunidad (hombre y mujer), crean la concepción de “amo/esclavo” en la psique social.

Este escuchar y usar palabras, donde hay discriminación y desequilibrio (injusticia), se va extendiendo y aceptando, ya sea por costumbre, miedo, desinformación,  y por franco beneficio para una parte de la población en detrimento de la otra.

Sólo Palabras…

Dice Claudia Guichard Bello en el “Manual de Comunicación No Sexista

“En el sexismo, las mujeres son consideradas inferiores, se ubican como dependientes o subordinadas a un hombre” (Guichard C., 2008)

Acerca del sexismo Cuando observamos o escuchamos a mujeres y hombres en sus prácticas cotidianas, podemos apreciar diferencias en las formas de relacionarse entre sí. Por ejemplo, es muy común que quienes reciban piropos sean las mujeres y no los hombres; que a quienes se les reprima sexualmente sea a las mujeres; que quienes ocupen el lugar principal en la mesa o en la sala sean los varones; que en el ámbito laboral a ellas se les denomine por su diminutivo, en tanto que a ellos por su grado académico, con un “don” o como “señor”; que a las mujeres se les nombre como “señora” o “señorita”, en función de su estado civil; que se conciba que los hombres son los señores y ellas sólo “las mujeres”; que a las mujeres se les acuse de histéricas, pero nunca a ellos; que se exprese que quienes tienen capacidad para las ciencias son los varones, pero difícilmente las mujeres; que su intelecto es menor que el de los varones; que se crea que las mujeres existen para servir a los hombres; que las mujeres “están hechas” para la cocina o para curar o educar infantes, y que los varones nunca tendrán esas habilidades.” (Ibídem).

DESIGNACIÓN ASIMÉTRICA DE MUJERES Y HOMBRES En esta manifestación discriminatoria, encontramos expresiones muy comunes en nuestras comunidades que otorgan todo el reconocimiento a los hombres por sobre las mujeres. Por ejemplo, las fórmulas de cortesía: a ellas sólo se las menciona como “la esposa de…”, “la señora de…”, o a través del apellido del esposo. O se les designa mediante un diminutivo, o como una mujer. En general, siempre por su relación de parentesco con un hombre y por su condición de ser mujer. Hasta la actualidad, estas expresiones se aceptan como “normales”, “naturales” e incluso, en los casos excepcionales en que se nombra a las mujeres y no a los hombres, resulta ofensivo para muchos. Por ejemplo, pensemos en una tarjeta de invitación en la que se nombra sólo a la esposa. En suma, con estas expresiones las mujeres, como personas, quedan anuladas o relegadas a un sitio junto a un hombre. Sus nombres, apellidos y capacidades quedan subordinados y desvalorizados.” (Ibídem).

 

 

Entonces, se parte de sociedades con concepciones sexistas (discriminación e infravaloración por el género o el sexo) desde el uso de las palabras y conceptos hasta las acciones en las organizaciones sociales, las comunidades y sus estructuras.

En el uso de las palabras y en nuestra forma de expresarnos diariamente,  las mujeres son discriminadas, incluyendo desde los más altos sistemas sociales, como el gobierno, los religiosos y la cultura hasta el último eslabón social. Todas y todos vamos siendo copartícipes de este tipo de violencia, ya sea por ignorancia, omisión o franca imposición.

 

sexismo

En el lenguaje muchas personas confunden la palabra feminismo como si fuera el antónimo de machismo. Cuando se les pregunta sobre el Feminismo, las respuestas suelen ser de excusa o de búsqueda de la igualdad, diciendo cosas como: -“¡Yo no soy ni feminista, ni machista!”; -“ ¡es importante la igualdad, por eso digo que el feminismo ataca a los hombres!”; “-Yo he sabido de mujeres que atacan a los maridos, esas son feminazis”; y una retahíla interminable de conceptos equívocos sobre lo que realmente es el Feminismo y la Equidad de Género.

Partimos tristemente de las concepciones que culturalmente nos heredaron nuestras familias. Concepciones que el suprasistema perpetúa donde lo femenino debe ser atacado o está para servir.

En las palabras que se ocupan diariamente se reconoce esa carga de violencia contra la mujer, violencia en palabras que son la antesala de la violencia física,  intelectual, política y cultural.

Cada vez que enunciamos: ¡esa vieja…! ¡pareces vieja! ¡vieja el último!,¿señora o señorita?,  o palabras donde discriminamos lo femenino v.g.: ¡maneja cómo mujer!, ¡lloras como nena!, etc.
reproducimos estos modelos dañinos, muchas veces involuntariamente, sin darnos cuenta, incluso con amor y ternura.

Sistemas de Comunicación y Jerarquías

Si los sistemas comunicativos y sociales se hallan en desequilibrio, con intercambios desiguales, jerarquizaciones de poder y sumisión, entonces tenderán a ser ingobernables, sufrir caos y finalmente colapsarse (entropía).

La organización de los sistemas de comunicación – y por tanto de los humanos-, se desintegran cuando se buscan valores como  la igualdad y el equilibrio sin conseguirlo.

Es menester que los nodos de la red social, en su totalidad, aprendamos a reconocer los errores de discriminación y de la dominación que se comete contra las mujeres desde la oralidad y su expresión. Tan importante es lo que se dice, cómo el significado, el simbolismo que lo acompaña.

Dice la Dra. Marina Castañeda en el “Machismo Invisible”, en el capítulo “Del Machismo en la Comunicación” lo siguiente:

(…)”Por tanto, el metamensaje sirve, entre otras cosas, para expresar la relación – incluyendo la relación de poder- entre la gente; y aquí entra en escena una dimensión de género. En efecto, los antropólogos y lingüistas han descubierto que los hombres generalmente intentan establecer, a través de metamensajes más o menos sutiles, no sólo la relación entre ellos y sus interlocutores sino la jerarquía que impera entre ellos y sus interlocutores sino la jerarquía que impera entre ellos: quién está arriba y quién abajo; quién recibe y quién pide algo; quien gana y quién pierde en la interacción. Esto sucede aun en las conversaciones más inocuas e informales(…) cuando dos mujeres se conocen, detectan rápidamente qué tienen en común, comparten historias, y se interesan más por lo que las une que por lo que las separa; les importa más la conexión horizontal que la relación jerárquica vertical…(Castañeda M. , 2007)

 

Cambiar la Comunicación

Sería ingenuo pensar que sólo con el cambio de palabras se solucionará el problema arraigado de la violencia contra las mujeres. Recordemos que la comunicación tiene diferentes formas, tomando aspectos verbales o no-verbales.

Sin embargo, además de la comprensión en el tema, el ejercicio regular en el lenguaje correcto, modificará nuestro actuar sobre el sexismo que se practica en las redes comunitarias, de tal forma, que el entramado social pueda no sólo regenerarse, sino mejorarse.

El rol de las y los estudiantes de las universidades deberá ser idealmente educarse primero para conocer sobre qué es la Violencia de Género y cómo combatirla. 

Con el conocimiento adquirido, difundir en los subsistemas sociales, (desde la casa, la familia, los amigos, trabajo, etc.) esta información que coadyuve a ir erradicando este mal social.

Este sería el objeto de una intervención comunitaria, influyendo con información sobre las dinámicas sociales. (UNADMEXICO, n.d.)

Conclusión

Ya se han llevado múltiples esfuerzos en los gobiernos de México para revertir el problema de la violencia contra las mujeres que ahora se torna en fases más dolorosas, como son los Feminicidios.

La violencia contra la mujer se aprende, y después se regenera y escala hasta formar el fantasma machista de “poder”. La violencia no es por cuestiones biológicas, ni etológicas subyacentes, sino que  es parte de un sistema de recompensas sociales que se han creado para  estimular el dominio de un ser humano sobre otro.

Escuché de Nuria Varela, famosa escritora feminista  unas palabras que ilustran más o menos el porqué perdura la violencia de género en la sociedad:“La violencia contra la mujer se mantiene porque hasta el hombre más pobre tiene derecho a una esclava en su microreino del hogar…”

Considero que la primera etapa para combatir esta dolencia social, sería a través del cuidado de las palabras que seleccionamos en nuestras conversaciones, evitando palabras machistas, denigrantes, evitar escuchar o reproducir  los comentarios o chistes sexistas, de exclusión; incorporando lo femenino; escribir y hablar con lenguaje incluyente y persuadir a nuestras comunidades de forma directa o indirecta para hacer lo propio.

 

 


www.lawebsocial.com

Fuente:

UnADMEXICO. (s/f). «Teoría de sistemas Unidad 2. El Enfoque Sistémico«º. Abril 14, 2019, de UnADMEXICO Sitio web:https://unadmexico.blackboard.com/bbcswebdav/institution/DCSA/BLOQUE2/PPS/02/PTS/U2/Unidad%202.%20Enfoque%20sistemico_Contenido%20nuclear.pdf

Bertalanffy L. (1968). «Teoría General de los Sistemas» ª. Abril 14, 2019, de Fondo de Cultura Económica Sitio web: https://cienciasyparadigmas.files.wordpress.com/2012/06/teoria-general-de-los-sistemas-_-fundamentos-desarrollo-aplicacionesludwig-von-bertalanffy.pdf

Sáchica L.. (s/f). º«Evolución Constitucional y Democracia en Iberoamérica«. mayo 01; 2019, de archivos.juridicas.unam.mx Sitio web:https://archivos.juridicas.unam.mx/www/bjv/libros/2/960/24.pdf

Cuna E.. (2007). º»Aplicación y crítica del enfoque sistémico para el estudio de las culturas políticas en México». mayo 01, 2019, de Universidad Autónoma Metropolitana México Sitio web:http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=305024715007

Guichard C. (2008). “Manual de Comunicación No Sexista – Hacia un Lenguaje Incluyente.” Oaxaca; México: Instituto De la Mujer Oaxaqueña.

UNADMEXICO. (n.d.). “Unidad 3. Instrumentos de la Política Económica,” 1–29. Retrieved from https://unadmexico.blackboard.com/bbcswebdav/institution/DCSA/BLOQUE2/PPS/02/PPE/U3/Unidad 3. Instrumentos de la politica economica_Contenido.pdf

Casteñeda M.  (2007) “El Machismo Invisible Regresa” Ciudad de México, Editorial Taurus

 

Productora de Películas Sanen S.A. [Cine mexicano época de oro y actual]. (2019, mayo 19). “Por Qué Nací Mujer” [Archivo de video]. Recuperado dehttps://www.youtube.com/watch?v=at4DSfT7uxc

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