Ignacio Ramírez, conocido como “El Nigromante”, tras enunciar en 1837 ante la Academia de Letrán su célebre tesis: “Dios no existe; los seres de la naturaleza se sostienen por sí mismos”, se hizo acreedor a epítetos como jacobino, impío y blasfemo. Sin embargo, más allá del escándalo, su postulado reveló la irrupción del pensamiento racional y científico como la nueva brújula de la academia mexicana.

Ignacio nació en 1818, en un territorio que hoy conocemos como México y que entonces se hallaba en pleno fragor de la lucha por su Independencia. De cuna humilde, fue hijo del héroe insurgente Lino Ramírez y de Ana María Calzada, de origen otomí. Su padre realizó incansables esfuerzos para que asistiera a la escuela, convencido de que solo a través de la instrucción se alcanzaría una verdadera libertad económica y social.

Hasta ese momento, y antes de las Leyes de Reforma, la educación estaba reservada para las élites, bajo un modelo estrictamente apegado a la religión católica dominante. Mujeres, indígenas y clases empobrecidas carecían de acceso a la llave del saber; de este modo, se preservaba el statu quo de una clase privilegiada que requería de mano de obra servil para sostener sus industrias y comercios.

La formación de Ignacio Ramírez comenzó a temprana edad bajo el respaldo de sus padres. Al llegar a la juventud, tras haber devorado cientos de volúmenes, se convirtió en un erudito con dominio en diversas ciencias y artes, además de hablar lenguas como el otomí y el náhuatl. Fue en este contexto de madurez prematura donde, joven y valeroso, pronunció su famosa frase ante la Academia de Letrán, escandalizando a una sociedad donde aún imperaba el peso de la Inquisición. Ramírez se consolidó, así como un hombre de pensamiento complejo y vasta erudición.

Al respecto, su biógrafo y bisnieto, Emilio Arellano, refiere lo siguiente sobre el examen que diversos catedráticos aplicaron al joven Ignacio para validar sus capacidades:

“El examen abarcó jurisprudencia, latín, sánscrito (que dominó como lengua extinta), francés, náhuatl, botánica, astronomía, economía, filosofía, literatura, liberalismo progresista, historia, álgebra, teología (materia de la cual fue un analista estricto) y temas sociales…” (Arellano, 2009, págs. 41-42).

Si bien este escrito no pretende agotar el análisis de su reconocida sabiduría, resulta fundamental subrayar la asombrosa precocidad de su intelecto. La imagen del joven Ignacio frente a los sabios de su época evoca, casi inevitablemente, la analogía de Jesús entre los doctores de la ley: un espíritu joven que, armado únicamente con la fuerza de su razón, fue capaz de cuestionar y asombrar a los pilares de la ortodoxia establecida.

Ramírez se transformó en un profesor dedicado a la enseñanza a ultranza, priorizando a los sectores más vulnerables: las niñas, los desprotegidos y las comunidades indígenas. Con ello, rompió el viejo paradigma de una educación reservada para quienes podían costearla. El Nigromante comprendía que, sin una educación para el pueblo, este permanecería a merced de sus explotadores y de intereses extranjeros.

Relata su biógrafo el espíritu visionario de Ramírez cuando, conmovido por las penurias de la niñez indígena, decidió actuar en medio de las limitaciones económicas de la invasión estadounidense. En Toluca, solicitaba papel de estraza en mercados como caridad; “amontonando dos montañas de metro y medio”, señala Arellano. Por otro lado, su padre le había obsequiado un reloj que recibió de Miguel Hidalgo; Ignacio, sin dudarlo, vendió el reloj para financiar el futuro del país.

Tras empeñar el objeto para comprar una imprenta usada, narra Arellano:

“Al enterarse el gobernador Olaguíbel, le recriminó por haber vendido un reloj republicano, reliquia de la Independencia… la sorpresa fue total: don Ignacio, trabajando por las noches en esa imprenta y cortando el papel de estraza, creó los primeros libros de texto gratuitos, distribuyéndolos de su propio peculio en el Instituto Científico y Literario de Toluca” (krisangel23, 2010).

Ante el interrogatorio del gobernador sobre por qué vendió una reliquia del pasado, Ramírez respondió lacónico: “Porque veo hacia el futuro de México”. Bajo este compromiso, redactó los primeros esbozos de la educación laica y gratuita e impulsó las primeras becas escolares con un enfoque de paridad de género adelantado por décadas a su tiempo.

La omisión de este mérito en la historiografía oficial obedece a las tensiones políticas con el presidente Benito Juárez, cuyo distanciamiento derivó en un largo silencio institucional sobre los logros de Ramírez. No obstante, él estaba predestinado a ser el gran alquimista de la educación, transmutando su fuerza moral en un sistema nacional.

¿Qué valores aspiraba transmitir “El Nigromante” a través de esta formación? Primordialmente, la gratuidad, bajo la premisa de que la población desposeída requiere de medios efectivos para trascender su condición. No se trataba únicamente de dotar al individuo de destrezas técnicas, sino de facultades ideológicas y conceptuales que le permitieran interpretar su realidad mediante el lenguaje, las ciencias, las artes y la profundidad del humanismo.

Además, integró el laicismo y la obligatoriedad como garantías de un pensamiento libre. La obligatoriedad asegura que la educación no dependa de factores mercantilistas, mientras que el laicismo libera a la enseñanza de dogmas y sesgos conservadores. Eran, en suma, garantías de soberanía intelectual. Ramírez aspiraba a que el alumnado fuera un conjunto de sujetos críticos capaces de razonar e investigar siguiendo un método científico, visión plasmada en su Libro rudimental y progresivo para la enseñanza primaria.

Gracias a hombres como él, hoy gozamos en México de una educación laica y gratuita hasta nivel universitario. Ramírez forjó en el Artículo Tercero de la Constitución los valores humanistas de su propia esencia:

“Artículo 3o. Toda persona tiene derecho a la educación. El Estado impartirá y garantizará la educación inicial, preescolar, primaria, secundaria, media superior y superior… serán obligatorias… la educación inicial es un derecho de la niñez y será responsabilidad del Estado concientizar sobre su importancia”.

Lo plasmado en dicho artículo muestra Derechos Humanos fundamentales y la responsabilidad del Estado para desarrollar personas libres. Sin embargo, los retos actuales son profundos. Muchos egresados de universidades públicas orientan su formación hacia el beneficio exclusivamente individual o parten al extranjero. Es imperativo cuestionarnos por qué gozamos del privilegio de acceder a esta aula.

Si la educación es el cincel que esculpe al estudiantado, la retribución social es el mármol donde cobran forma su talento y su desarrollo. Nuestros ancestros no lucharon por el aula pública como un fin en sí mismo, sino para que fuéramos mejores para servir a los demás. El conocimiento no puede ser una mercancía; debe ser un retorno social:

“La educación universitaria tiene un efecto social positivo… su impacto sobrepasa al conjunto de egresados y provoca un efecto salarial positivo incluso en trabajadores sin estudios universitarios” (Kato-Vidal, 2022).

Hoy usufructuamos el legado de figuras monumentales. La gratuidad educativa no es una concesión graciosa, sino una Conquista Constitucional; la herencia de generaciones que nos legaron la libertad intelectual. La UnADM se erige hoy como un baluarte vivo de estos principios, rompiendo barreras de tiempo y geografía a través de la tecnología como herramienta de democratización. O Promethee educationis!

Honrar a “El Nigromante” es reconocer que el aula, física o virtual, es el territorio de la verdadera emancipación. Su paso por la historia nos recuerda que el acceso al conocimiento es una deuda de justicia que aún estamos pagando. Mantengamos viva la llama de su pensamiento, pues, como él sentenció:

“El crimen más grande que puede cometerse contra cualquier ciudadano es negarle una educación que lo emancipe de la miseria y la excomunión”.

 

 

 

Referencias

Arellano, E. (2009). Ignacio Ramírez, El Nigromante, memorias prohibidas. Planeta.

Google Gemini. (2026). Ignacio Ramírez “El Nigromante” impartiendo clases en una escuela rural [Imagen generada por IA]. https://gemini.google.com

Kato-Vidal, E. L. (2022). Retorno social y calidad de las IES: el efecto salarial en pequeñas empresas. Retos, 12(24), 212–228. https://doi.org/10.17163/ret.n24.2022.02

krisangel23. (2010, 7 de febrero). Libro Memorias prohibidas de Ignacio Ramirez. El Nigromante parte 1 de 2 [Video]. YouTube. https://www.youtube.com/watch?v=95boIAL7QXc

Ramírez, I. (1988). Libro rudimental y progresivo para la enseñanza primaria. En B. Rosen & D. Maciel (Eds.), Obras completas: Tomo VI. Escritos pedagógicos, textos escolares y lingüística (pp. 165-280). Centro de Investigación Científica Jorge L. Tamayo. (Obra original publicada en 1873).

Secretaría de Educación Pública. (2012, 19 de enero). DECRETO por el que se crea la Universidad Abierta y a Distancia de México. Diario Oficial de la Federación. https://www.dof.gob.mx/nota_detalle.php?codigo=5230614&fecha=19/01/2012

UnADM. (2023, 23 de mayo). Ignacio Ramírez “El Nigromante”, educación para lograr la libertad individual [Video]. YouTube. https://www.youtube.com/watch?v=P8O28g9ZrmM

Víctor Hugo Vargas De la Torre es egresado de la Licenciatura en Políticas y Proyectos Sociales por la Universidad Abierta y a Distancia de México (UnADM). Su labor profesional se centra en el diseño de proyectos de alto impacto social y en la promoción de los valores constitucionales que rigen la educación en el país. Se distingue como un defensor activo de la universidad pública, entendiéndola como un espacio vital para el libre pensamiento y la democratización del saber.

A través de su trabajo, busca rescatar la memoria histórica de la instrucción pública para inspirar a las nuevas generaciones de estudiantes. Bajo la firme convicción de que el conocimiento es un bien común y una herramienta de emancipación, sostiene que este debe retribuirse a la sociedad mediante el servicio y una ética profesional inquebrantable. Actualmente, se encuentra en proceso de incorporación a estudios de posgrado en Historia en instituciones de excelencia en México.

Correo electrónico: estudiosocial@nube.unadmexico.mx

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